El
juego didáctico es una estrategia que se puede utilizar en cualquier nivel o
modalidad del educativo pero por lo general el docente lo utiliza muy poco
porque desconoce sus múltiples ventajas.
El
juego que posee un objetivo educativo, se estructura como un juego reglado que
incluye momentos de acción pre-reflexiva y de simbolización o apropiación
abstracta-lógica de lo vivido para el logro de objetivos de enseñanza
curriculares, cuyo objetivo último es la apropiación por parte del jugador, de
los contenidos fomentando el desarrollo de la creatividad.
El
uso de esta estrategia persigue una cantidad de objetivos que están dirigidos
hacia la ejercitación de habilidades en determinada área. Es por ello que es importante
conocer las destrezas que se pueden desarrollar a través del juego, en cada una
de las áreas de desarrollo del educando como: la físico-biológica;
socio-emocional, cognitivo-verbal y la dimensión académica. Así como también es
de suma importancia conocer las características que debe tener un juego para
que sea didáctico y manejar su clasificación para saber cuál utilizar y cuál
sería el más adecuado para un determinado grupo de educandos.
Una
vez conocida la naturaleza del juego y sus elementos es donde el docente se
pregunta cómo elaborar un juego, con qué objetivo crearlo y cuáles son los
pasos para realizarlo, es allí cuando comienza a preguntarse cuáles son los
materiales más adecuados para su realización y comienzan sus interrogantes.
El propósito de generar estas inquietudes gira
en torno a la importancia que conlleva utilizar dicha estrategia dentro del
aula y que de alguna manera sencilla se puede crear sin la necesidad de manejar
el tema a profundidad, además de que a partir de algunas soluciones prácticas
se puede realizar esta tarea de forma agradable y cómoda tanto para el docente
como para los alumnos. Todo ello con el fin de generar un aprendizaje efectivo
a través de la diversión.
La
relación entre juego y aprendizaje es natural; los verbos “jugar” y “aprender”
confluyen. Ambos vocablos consisten en superar obstáculos, encontrar el camino,
entrenarse, deducir, inventar, adivinar y llegar a ganar... para pasarlo bien,
para avanzar y mejorar (Andrés y García).
La
diversión en las clases debería ser un objetivo docente. La actividad lúdica es
atractiva y motivadora, capta la atención de los alumnos hacia la materia, bien
sea para cualquier área que se desee trabajar. Los juegos requieren de la
comunicación y provocan y activan los mecanismos de aprendizaje.
La clase se impregna de un ambiente lúdico y
permite a cada estudiante desarrollar sus propias estrategias de aprendizaje.
Con el juego, los docentes dejamos de ser el centro de la clase, los “sabios”
en una palabra, para pasar a ser meros facilitadores-conductores del proceso de
enseñanza- aprendizaje, además de potenciar con su uso el trabajo en pequeños
grupos o parejas
Según
Ortega (citado en López y Bautista, 2002), la riqueza de una estrategia como
esta hace del juego una excelente ocasión de aprendizaje y de comunicación,
entendiéndose como aprendizaje un cambio significativo y estable que se realiza
a través de la experiencia.
La
importancia de esta estrategia radica en que no se debe enfatizar en el
aprendizaje memorístico de hechos o conceptos, sino en la creación de un
entorno que estimule a alumnos y alumnas a construir su propio conocimiento y
elaborar su propio sentido (Bruner y Haste, citados en López y Bautista, 2002)
y dentro del cual el profesorado pueda conducir al alumno progresivamente hacia
niveles superiores de independencia, autonomía y capacidad para aprender, en un
contexto de colaboración y sentido comunitario que debe respaldar y acentuar
siempre todas las adquisiciones.
Las
estrategias deben contribuir a motivar a los niños y niñas para que sientan la
necesidad de aprender.
En
este sentido debe servir para despertar por sí misma la curiosidad y el interés
de los alumnos, pero a la vez hay que evitar que sea una ocasión para que el
alumno con dificultades se sienta rechazado, comparado indebidamente con otros
o herido en su autoestima personal, cosa que suele ocurrir frecuentemente
cuando o bien carecemos de estrategias adecuadas o bien no reflexionamos
adecuadamente sobre el impacto de todas nuestras acciones formativas en el aula
(Correa, Guzmán y Tirado, citados en López y Bautista, 2002).
Entonces,
una vez establecida la importancia de esta estrategia, el juego didáctico surge
“...en pro de un objetivo educativo, se estructura un juego reglado que incluye
momentos de acción pre-reflexiva y de simbolización o apropiación
abstractalógica de lo vivido para el logro de objetivos de enseñanza
curriculares... cuyo objetivo último es la apropiación por parte del jugador,
de contenidos fomentando el desarrollo de la creatividad”
Este
tipo de juego permite el desarrollo de habilidades por áreas de desarrollo y
dimensión académica, entre las cuales se pueden mencionar:
·
Del
área físico-biológica: capacidad de movimiento, rapidez de
reflejos, destreza manual, coordinación y sentidos.
·
Del
área socio-emocional: espontaneidad, socialización, placer,
satisfacción, expresión de sentimientos, aficiones, resolución de conflictos,
confianza en sí mismos.
·
Del área cognitiva-verbal: imaginación,
creatividad, agilidad mental, memoria, atención, pensamiento creativo,
lenguaje, interpretación de conocimiento, comprensión del mundo, pensamiento
lógico, seguimiento de instrucciones, amplitud de vocabulario, expresión de
ideas.
·
De la Dimensión Académica:
apropiación de contenidos de diversas asignaturas, pero en especial, de
lectura, escritura y matemática donde el niño presenta mayores dificultades.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario