La convivencia escolar se trata
de la construcción de un modo de relación entre las personas de una comunidad,
sustentada en el respeto mutuo y en la solidaridad recíproca, expresada en la
interrelación armoniosa y sin violencia entre los diferentes actores y
estamentos de la Comunidad Educativa.
Tiene un enfoque eminentemente
formativo. Se deben enseñar y aprender una suma de conocimientos, habilidades y
valores que permiten poner en práctica el vivir en paz y armonía con otros,
porque es la base para el ejercicio de la ciudadanía. En la escolaridad, estos
aprendizajes están establecidos tanto en los Objetivos Fundamentales
Transversales como en los Objetivos Fundamentales Verticales.
En sí mismo, el enfoque formativo
contiene una dimensión preventiva, expresada en el desarrollo de conocimientos,
habilidades y actitudes que permitan formar personas autónomas, capaces de
tomar decisiones personales y de anticiparse a las situaciones que amenazan o
alteran el aprendizaje de la convivencia, cautelando en todo momento el proceso
formativo y las estrategias pedagógicas. En este sentido, la dimensión
preventiva implica superar la noción de riesgo y no se limita a informar o
prohibir, sino que apunta a formar para actuar con anticipación.
La Política de Convivencia
Escolar, editada el año 2011, se afirma en 3 ejes esenciales:
·
Tiene un enfoque formativo, ya que se
enseña y se aprende a vivir con otros.
·
Requiere de la participación y compromiso de toda la comunidad educativa, de acuerdo a los roles, funciones
y responsabilidades de cada actor y estamento.
·
Todos los actores de la comunidad educativa son sujetos de derecho y de
responsabilidades, y deben
actuar en función del resguardo de la dignidad de todos y todas.
El Objetivo general de la política de Convivencia Escolar es orientar
las acciones, iniciativas y programas que promuevan y fomenten la comprensión y
el desarrollo de una convivencia escolar inclusiva, participativa, solidaria,
tolerante, pacífica y respetuosa, en un marco de equidad de género y con
enfoque de derechos.
Para aprender a convivir deben
cumplirse determinadas procesos, que por ser constitutivos de toda convivencia
democrática, su ausencia dificulta (y obstruye) su construcción; simplemente
las enumero, pues serán desarrolladas más adelante.
- Interactuar (intercambiar acciones con
otro /s)),
- interrelacionarse; (establecer vínculos
que implican reciprocidad)
- dialogar (fundamentalmente ESCUCHAR,
también hablar con otro /s)
- participar (actuar con otro /s)
- comprometerse (asumir responsablemente
las acciones con otro /s)
- compartir propuestas.
- discutir (intercambiar ideas y opiniones
diferentes con otro /s)
- disentir (aceptar que mis ideas – o las
del otro /s pueden ser diferentes)
- acordar ( encontrar los aspectos
comunes, implica pérdida y ganancia)
- reflexionar ( volver sobre lo actuado,
lo sucedido. “Producir Pensamiento” – conceptualizar sobre las acciones e
ideas.)
Todas estas condiciones en la
escuela se conjugan y se transforman en práctica cotidiana a través de
proyectos institucionales que resulten convocantes y significativos para los
actores institucionales, y también respondan a necesidades y demandas
institucionales. Estos proyectos incluyen y exceden los contenidos singulares
de las asignaturas, la tarea nuclea a los distintos actores y como consecuencia
de ello, las relaciones cotidianas y rutinarias se modifican, varían los roles
y cada integrante asume nuevas responsabilidades, se incrementa el protagonismo
de todos los participantes. La actividad tiene sentido y significado para
quienes la ejecutan, pero también la tiene para sus destinatarios; alcanzar las
metas propuestas es el cometido compartido, se incrementa la responsabilidad y
el sentido de pertenencia
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