Los niños elaboran fantasías, sentimientos, temores, deseos e inquietudes a través de diferentes experiencias lúdicas.
La primera
infancia es el período en el cual los seres humanos aprenden y se desarrollan
más rápidamente, por lo que resulta necesario que los niños sean cuidados con
mucho afecto, cuidados, atención y con una adecuada estimulación -además de
buena alimentación- para facilitar un mayor crecimiento y mejor
desarrollo en esta temprana etapa que influirá por el resto de la vida.
El juego
forma parte fundamental de este período y tiene una influencia directa en la
constitución subjetiva del niño, por lo se debe tener muy en cuenta al momento
de la crianza de nuestros hijos. Es necesario impulsar y propiciar el juego en
los niños.
¿Por qué
es tan importante jugar?
Al juego
podemos pensarlo como un espacio de transición que hace el papel de mediador
entre la fantasía y la realidad. Así, a través del juego los niños representan
sus inquietudes, ideas, sentimientos y deseos. Entonces, a través del
juego el niño logra elaborar diferentes situaciones que ha vivido de
manera pasiva -en la realidad-, y mediante el juego, logra vivirlas
activamente.
Por
ejemplo, si ha sufrido un reto por parte de un adulto, puede jugar que ahora es
él quien reta a un muñeco, transformando así la pasividad en actividad. Así
logra elaborar situaciones que vivió en la realidad y pudieron causarle enojo,
tristeza, angustia.
Todo niño
tiene necesidad de conocer el mundo en que vive, entonces mediante el juego logra
utilizar sus sentidos para reconocer su mundo. Siente, mira, toca, huele,
experimenta, fantasea, y crea. Los padres tendríamos que poder
facilitarles las herramientas necesarias para lograr esta exploración y
adaptación al entorno.
Es
importante tener presente el valor del juego en lo que respecta a la
estimulación de la imaginación y capacidad de aprendizaje del niño, ya
que otorga un espacio para que cada uno pueda ser libre de expresar su
creatividad y demostrar su curiosidad. Es un re-conocimiento de las cosas, que
posibilita el buen crecimiento del mundo interno, intelectual y emocional del
niño.
El juego
en la primera infancia, y en los niños que aún no han adquirido el lenguaje es
un espejo de su mundo interior, y permite:
·
Divertirse.
·
Conocerse
a sí mismo.
·
Conocer y
explorar el mundo.
·
Expresar
sentimientos.
·
Proyectar
fantasías.
·
Elaborar
conflictos.
·
Aprender
a compartir.
·
Socializar.
·
Investigar.
En edades
mayores, también hay juegos que estimulan la inteligencia, y promueven el
aprendizaje en los niños, influyendo y ayudando a una adecuada socialización
entre pares, mediante el cual se aprende a respetar a los otros y ser
respetados, a escuchar, a aceptar y compartir con otros, es decir, a ser
incluidos dentro del proceso de socialización.
A través
del juego, se aprende:
·
El valor
de las reglas y normas.
·
Relacionarse
con los otros.
·
Ejercer
nuevos roles.
·
Incentivar
capacidades mentales.
Los adultos como figuras parentales responsables de la crianza de nuestros hijos, debemos comprender la importancia del juego en la constitución subjetiva de nuestros hijos, y buscar el modo de acompañarlos en este aprendizaje, tratando de hacernos el tiempo necesario para jugar, recordando que los estamos educamos mientras disfrutamos y los ayudamos a crecer.
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